Mi tormento fue interrumpido por un grito desgarrador que rasgó el aire. Abrí los ojos sobresaltada y vi al hombre caer de rodillas, con un cuchillo incrustado en su hombro.
Era Nicolás. Su rostro estaba deformado por la furia, pero había algo en su mirada que mezclaba un frío alivio y un calor aterrador.
—Te advertí que te mataría si volvías a poner tus sucias manos en mi mujer —rugió, acercándose al hombre herido como un depredador a su presa.
El hombre, jadeando entre espasmos de dolor, int