El psicólogo que me llevó a casa no habló mucho, solo se dedicó a conducir mientras seguía mis indicaciones. Yo tampoco tenía muchas ganas de hablar, solo quería llegar a la vecindad en la que vivía y correr a los brazos de mi pequeña princesa. Al llegar, salí casi corriendo del auto de ese hombre y fui a tocarle a la vecina.
—Crei que no llegarías, solo te dije que la podría cuidar una hora Eva, sabes que a mi esposo no le gustan los niños y ya está de mal humor, no puedo...
No es la primera v