En medio de la noche, una mujer atesoraba el vaso de agua helada que sostenía en su mano como si se tratara de una medicina costosa.
―Nunca creí volver a experimentar estos malestares ―respiraba lento y profundo por la nariz y luego expulsaba el aire―. Todo es diez veces peor.
―Es parte del embarazo ―le dijo su esposo, sin saber qué más agregar.
Estela cerró los ojos y ladeó el rostro; no soportaba las náuseas. Todo daba vueltas a su alrededor. La mayoría del tiempo, la fatiga la llevaba a do