Los mensajes de aquella mujer se volvían cada vez más insistentes. Hasta que comenzaron a contactar a Nathan desde diferentes números telefónicos.
Él sabía que esa mujer no tenía una mente clara, y conocer a su presunta “esposa” detonó muchas cosas en ella.
“Contéstame, si no lo vas a lamentar toda tu vida”.
“Soy capaz de decirle a todos sobre lo nuestro, así que contéstame”.
Nathan frunció el ceño antes de marcar ese número que ya consideraba maldito.
—¿Qué quieres? —le preguntó de ma