Las cosas parecían encajar a la perfección. Otra semana transcurrió entre el trabajo, atender a Adriel y tener largas pláticas hasta que el sueño los vencía.
Todo daba la impresión de ser pacífico, sereno, y para Nathan eso tenía la pinta de ser extraño.
Era un jueves a las cinco de la tarde. Los transeúntes avanzaban por los pasillos del centro comercial, algunos apresurados sin siquiera mirar a su alrededor, otros mataban el tiempo con ojos curiosos en los aparadores ante la multitud de ob