—No exactamente, pero cuando pones límites sobre mí, eso me excita tanto. —Farit tenia que confesarle que verla en modo lo ponia tan caliente, hasta el extremo de no querer que parar nunca. El azbache empezó a besar su cuello acariciando su espalda baja, eran toques ligeramente subidos de tono, haciendo que cada ves más, el ambiente subiera el calor del momento, había necesitado de su presencia durante el día, sus ricos besos y esa sonrisa que tanto lo calmaba, toda ella era magnífica para hace