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Kess.
Desde mi asiento al otro lado del fuego, tenía los ojos clavados en la plataforma. Miraba a mi esposo. Jason estaba sentado en las pieles blancas, con las piernas abiertas de par en par y en cueros.
Kalila, la hija del Jefe, estaba justo enfrente de él. Su mano pequeña le apretaba la polla gruesa y dura, moviéndose de arriba abajo en un ritmo lento y parejo. Podía ver el brillo mojado de su líquido preseminal reluciendo bajo la luz naranja del fuego.
En vez de sentir un ata