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Kess.
Bajó la boca hacia mi mandíbula, mordiéndome suavecito por todo el hueso. Solté un suspiro suave, echando la cabeza hacia atrás. Me arrastró la lengua mojada por la piel sensible del cuello, dejándome un caminito húmedo bajo la luz del fuego.
—Ahhh... Bako... eso se siente tan rico —dije sin pena alguna, hundiéndole los dedos en su pelo corto y oscuro.
—¿Te gusta mi lengua aquí? —preguntó, con la voz sonándole como un ronroneo profundo contra mi garganta.
—Sí... sí, ahí m