Me quedé al borde de la enorme bañera negra, con las piernas temblando tanto, tan débiles e inestables, que pensé que me desplomaría. La piedra parecía arrancada de lo más profundo de la tierra, antigua e intimidante. Pasé al otro lado, esperando sentir el calor del agua, o quizá un escalofrío, algo que me aliviara... pero al entrar, mis pies golpearon roca seca y fría, sólida e implacable.
La tina era profunda, más de lo que esperaba. Estaba vacía. No había agua en absoluto, solo los símbolos