La voz del Chamán surgió de la oscuridad como una piedra pesada cayendo en aguas profundas.
—Ponte de pie, Jenna —ordenó—. Y desnúdate. Cada prenda. Cada rastro de la chica que solías ser.
Mis manos temblaban. Agarré el dobladillo de mi vestido y me lo pasé por la cabeza. Cayó al suelo con un golpe sordo. Me quedé allí, tiritando, con la piel erizada por el aire fresco. Me sentía pequeña. Me sentía desnuda. Porque lo estaba. Pero también sentía que era un secreto que finalmente había sido des