¡Bang!
¡Bang!
¡Bang!
Unos fuertes golpes en la puerta de mi habitación me despertaron de golpe. Parpadeé, con la cabeza nublada, y miré el reloj digital en mi mesita de noche. 9:00 AM. —Joder —susurré, con la voz pastosa por el sueño. Me había quedado completamente frita tras el ardor de la noche anterior.
—Angel, abre. Ahora.
Vaughan.
Su voz fue como un cubo de agua helada. Salí de la cama a trompicones, con el corazón empezando ya ese baile frenético y familiar contra mis costillas. Tropecé c