La mano de Vaughan tembló sobre la cámara. No dijo nada durante un largo rato. Yo empecé a explicar, con voz baja y seductora: —Quiero enseñarle cuánto lo amo. Quiero que vea lo que me hace sentir cuando pienso en él.
Vaughan se aclaró la garganta, sin apartar la mirada. —Siéntese en la cama, Srta. Angel.
Caminé hasta el centro de la habitación y me senté en el borde de la cama grande y lujosa.
—Túmbese —ordenó. Ahora no estaba siendo "Papi". Era el director; el que yo tanto anhelaba—. Quít