—¿Ben… Benjamín…? —balbuceó.
—¡El mismo, perra! —escupió Benjamín levantando de nuevo la barra de metal que llevaba en las manos y descargándola contra su costado.
Marianne gritó, pero solo era una reacción involuntaria. Trató de retroceder, lejos de él, pero entre el dolor y lo aturdida que estab