El muchacho asintió antes de marcharse y Gabriel se quedó allí, solo, de cara a la pared, estático.
Un minuto después sacó su teléfono y marcó el número de Max.
—¡Gabo, ya supe…! ¿Cómo est…?
—¿Recuerdas la vez que saqué tu trasero medio muerto de una zanja es Chechenia? —dijo Gabriel con frialdad