—Sí, señor Lafont... estoy bien...
—¿Y el concierto? —preguntó el director sonriendo débilmente—. Sé lo importante que es para ti. ¿Puedes tocar, Maya?
La muchacha asintió, pero un hombre joven se puso enfrente del director.
—¡No! —exclamó Vlad—. No puede ser, no estará lista para tocar después de l