—Eres una cobarde —murmuró Reed en su oído, un par de horas después, mientras miraban la luna acostados sobre la proa del bote.
—Lo sé... —murmuró Stela y él sonrió quedamente.
—No quiero que seas mi novia —apuntó Morgan—. Nunca serás mi novia, pero solo vas a acostarte conmigo, y yo solo me acost