—¿Estás bien? —le susurró—. ¿Cansada?
—No, estoy bien —respondió ella poniendo los ojos en blanco—, esta cara de destrucción masiva es gracias a ti, y a todo el sexo desenfrenado con que me estás cansando.
Gabriel le sacó la lengua y le acarició el cabello.
—Muy graciosa... pero ya vas a ver, dej