Marianne sentía que la voz se le acababa mientras hablaba por aquel teléfono.
—¿Qué? Pero... ¿cómo? —dijo Norton sorprendido.
—No tengo ni idea, pero tienes que venir... por favor. Él no se encuentra bien y yo... no sé qué hacer.
—¡Calma! Voy para allá ahora mismo, ¿están en casa?
Marianne asint