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Mientras madre y la señorita Herlinda organizaban todo para el matrimonio que sería en un par de días, yo me la pasaba encerrada en la habitación sumida en tristeza, no me daban ganas ni de comer, quería como gritar todo lo que sentía, el nudo que se me había formado en la garganta cada vez era más y más grande.

Me senté en la cama en cuanto sentí la puerta de mi habitación abrirse.

— hola — saludo mi padre.

Yo no le conteste nada y volví a acostarme en la cama.

— perdóname por venderte com
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