Gabriella salió de la cocina y se dirigió a la mesa siete. Aun de espaldas, podía reconocer quién era el hombre de la mesa siete. Cuando vio a Fabrizio sentado allí, su corazón dio un vuelco.
“Así que viniste a verme,” pensó Gabriella, sintiendo una mezcla de alivio y nerviosismo.
—Esta vez no cambiaré tu comida tan fácilmente —dijo Gabriella, cuando llegó frente a Fabrizio, cruzando los brazos.
Fabrizio levantó la vista y sus ojos se encontraron con los de ella. Una chispa de reconocimiento y