Capítulo 1145
La ventisca se fue calmando poco a poco. En medio de ese silencio, su voz grave me arrullaba como una canción de cuna. Sin darme cuenta, caí rendida.

No tengo idea de cuánto tiempo pasó. Una pesadilla me sacudió y desperté, agitada. Busqué a mi lado: Mateo había desaparecido. Prendí la luz de la mesita y revisé por todos lados, pero el baño también estaba vacío. Agarré el celular para ver la hora: ya pasaba de la medianoche.

Seguro está en el estudio, pensé. Me puse una chaqueta y fui a buscarlo
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