74: Lo que el dinero no puede comprar.
La rubia pone un pie fuera del aeropuerto de Virginia y sostiene su cartera fina con fuerza. Usa lentes de sol porque no pudo evitar llorar en silencio durante el viaje. De nuevo tiene un nudo en la garganta porque ya sabe cómo podrá sacar a su esposo del conflicto en el que se encuentra y no le gusta la idea. Pero lo hará, porque ama a su familia.
Toma un taxi en dirección al Pentágono, especialmente al departamento de defensa, y llama a su esposo.
—Hola cariño, ¿cómo te sientes?
—Tenemos la c