Leila.
Me buscó, me buscó, me buscó, estoy que brinco de la felicidad, sabía que tarde o temprano se daría cuenta.
No puede vivir sin mi, lo que no entiendo es porque vernos en una cafetería, cuando podemos estar calentitos en su cama.
¡Hay por Dios! ¡Hay por Dios! Se me va a declarar, si, al fin, grito como loca, esto es más de lo que jamás pude imaginar.
Debo darme prisa y arreglarme lo más linda posible, aunque eso no es ningún problema, soy hermosa.
Corro a la ducha con solo un pensami