Amanda
Dom se queda en silencio por unos segundos, baja la cabeza y la toma entre sus manos.
—Si, pero dejame terminar de acuerdo.
—Tienes razón, continúa —le doy pauta para seguir.
—Como te decía, mi gente se dio cuenta de que un auto te seguía, eran dos tipos, de no muy buena pinta, por lo que describen. En ocasiones hasta dos autos, en el segundo iba una mujer, blanca, con pañoletas en el cabello, lentes oscuros, y el auto, un derby viejo color marrón, si pones atención, esa mujer no es