Renata salió de la ducha, ella escucha que la puerta suena, sin pensarlo se va a atender dejando ingresar un nombre bastante extraño, que solo la observa con una risa que busca salirle.
—Usted obviamente debe ser la señora Renata —dice el hombre bastante nervioso, nunca en su vida una mujer lo había intimidado tanto como ella.
—Sí soy yo ¿En qué le puedo ayudar? Verá que no llegó en el preciso momento, —ella extiende su mirada, mientras que él sabe que acaba de hablarle a la mujer más bella.