Capítulo 44.
Al salir de la tienda de los vestidos de novia y prácticamente corriendo, voy a buscar a Iván.
Podrían llamarme paranoica si así lo desean, pero conocía bien a mi hermana, y sé que hay algo que está realmente mal en todo esto. Vi sus ojos, la mirada que tenía, y temo que haya cometido una locura.
—¿Dónde estás? —pregunto por teléfono, llamando agitada a mi prometido.
—Buenos días Adele, es un placer hablar contigo —me responde Iván con calma—. ¿En qué puedo servirte?
—Tengo que hablar contigo,