El aludido me sonrió con socarronería mientras que el padre de este me miraba con curiosidad.
Acto seguido me removí inquieta porque a decir verdad ese par de hombres me intimidaban.
—Eso, que le has puesto casualmente a nuestro cachorro el nombre de mi padre.
—No es posible —gruñí fastidiada sin poder evitarlo, ocasionando que Nicholas el padre de Acheron me mirara arqueando una ceja, a la vez que Acheron se reía posiblemente de mi rostro desencajado—, yo tratando de que mi hijo no tenga nada