XLII

Tuvo que respirar profundo para no quitar la puerta de su camino y estrecharla entre sus brazos, llevarla a la fuerza a su habitación y tomarla como le gustaría, hacerla suya una vez más.

Su compañera, maldición, ella era suya y nada podría separarlos por demasiado tiempo.

Ni siquiera las intrigas de Katrina o el inminente peligro que constantemente lo asechaba.

Acheron apoyó su frente contra la puerta inhalando una vez más su aroma dulzón.

—Katrina mintió, lo que sea que haya dicho no es real
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