No sé qué tiempo pasó, me quedé en el mismo lugar y en la misma posición, torturándome con las cicatrices de mi mujer en su espalda, pensando, que diferente hubiera sido si yo le hubiera preguntado una vez recibí las primeras fotos.
Si le hubiera preguntado si se había acostado con David en esa fiesta, mejor aún, si hubiese cumplido mi palabra de perder la virginidad juntos… «No te merezco Bonita». Era consciente que las lágrimas salían y salían silenciosas, los médicos pasaban por mi lado y de