Pero eran alrededor de las siete y media de la noche cuando salió rápidamente del laboratorio, lista para ir a la escuela secundaria Valleencanto a recoger a Ángela para cenar, y se sorprendió al ver el todoterreno negro de Esteban estacionado justo debajo del edificio del laboratorio.
Isabella se ajustó la bufanda y bajó por los escalones frente a la puerta del laboratorio. Apenas había dado unos pasos más allá del todoterreno negro cuando escuchó a Esteban gritar muy fuerte su nombre.
—¡Isabel