Capítulo 41
Isabella se quedó atónita por un momento, sintiendo un agrio ardor en los ojos.

No aceptó la solicitud de amistad, simplemente respondió: —No, gracias de todos modos.

Después de bloquear la pantalla del celular, se apoyó en la mano y miró detenidamente por la ventana.

Las gotas de lluvia golpeaban el vidrio, iluminadas por la luz de los faros de los autos, y se podía distinguir vagamente la indiferente expresión de Isabella con su frente envuelta en múltiples vendajes.

En los últimos años, desde
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