Hoy era el día de entrega y Esteban seguramente estaba ansioso.
—Tranquilo, ve a ver a Esteban. Ofrece un precio alto. Si te preguntan a quién le vendiste la fórmula, di que se la entregaste al jefe y que estás investigando para ellos. Están bastante desesperados, así que puedes pedir un soborno por tu valioso tiempo. Ese dinero será todo tuyo, ¡así que quedaré muy atenta! — Isabella dijo con una amplia sonrisa.
Raúl, al oír que hay dinero de por medio, se puso muy contento. —¡Claro, claro! ¡Har