—Deja que el conductor se vaya primero y luego me llamas—dijo Herman con gran amabilidad, tomando naturalmente la maleta de las manos de Isabella, con un brazo sosteniendo a la niña y con el otro arrastrando la maleta, le habló a Isabella cortésmente—¡Sígueme!
La niña miraba con cautela el rostro de Isabella, apretando fuertemente la parte trasera de la chaqueta de Herman.
Ante esta situación, Isabella no tuvo más opción que seguir a Herman directo hacia el estacionamiento.
Herman e Isabella ya