MÁXIMO
Cuando llegué con Alai y alguien gritó que entró en paro, mi corazón dejó de latir. En esos instantes sentía que el aire no me llegaba a los pulmones y amenazaba con dejarme sin aire. Alai, mi pequeña Alai, estaba mal y todo era mi culpa. Ella tenía razón, yo le quité la vida. M****a. Me sentía como una basura por todo lo que le hice, es que no tengo perdón de Dios. Llamo a su amiga y cuando aparece me suelta una sonora bofetada.
—Esto te lo tienes bien merecido, Max. Si a Alai le pasa al