**Sienna**
Era demasiado tarde para que alguien en su sano juicio siguiera despierto. La casa se había quedado en silencio hacía horas, envuelta en esa extraña quietud donde cada pequeño sonido parece un grito. El viejo reloj del pasillo marcaba como un martillo, cada segundo más fuerte que el anterior, golpeando mis nervios.
Ava solo llevaba aquí tres días, pero se sentía como tres meses. Tres días interminables de su risa resonando por las paredes, de su perfume aferrándose a cada rincón, de