Sienna
En el momento en que el picaporte giró y el sonido de pasos se acercó, me levanté al instante del regazo de Jaxon, con el corazón latiéndome como un tambor.
Me incliné sobre la mesa de centro, fingiendo frotar una mancha inexistente que los chicos habían pasado por alto durante la limpieza. Mi mano temblaba mientras frotaba la madera impecable, rezando para que mi cara no me delatara.
Detrás de mí, Jaxon se movió de repente, ajustándose los pantalones cortos que no podían ocultar su erec