Edan solo parece estar desconcertado, sin embargo eso no me debe preocupar, ya que ahora lo único que me debe preocupar es mi bebé.
—Noelia…—lo interrumpo antes de que siga hablando.
—Edan no quiero ponerte entre la espada y la pared, así que no te preocupes si quieres volver a casa de tu madre puedes hacerlo, yo veré a donde voy no te preocupes—menciono con incomodidad.
— ¿De qué hablas? —cuestiona un poco anonado.
—Sí que si…—es su turno de interrumpirme.
—No—contesta con un rotundo “No” —Iré