Capítulo 75. La furia de un padre
—Tocar a mi hijo es lo mismo que firmar tu sentencia de muerte —reprendió Dominic Moretti sin alzar la voz.
La frase salió como un susurro ronco, más frío que el suelo del corredor.
La luz de emergencia, parpadeando en tonos rojizos, proyectaba sobre su figura erguida una silueta demoníaca. Tras las gafas de visión nocturna, el mundo para Dominic resplandecía en un verde neón letal. Dos cuerpos de mercenarios yacían a sus pies, con orificios de bala perfectamente centrados en la frente.
—Señor,