Capítulo 60. Los ojos grises que se abren
—Avery…
La voz llegó como un susurro desde otro mundo, tenue, casi ahogada por el sonido del monitor cardíaco que latía suavemente junto a la cama.
—Avery…
Dominic Moretti abrió los ojos.
Sus párpados se alzaron con extrema lentitud; el gris de sus ojos, que solía ser agudo y lleno de autoridad, ahora se veía turbio, apagado, pero aún irradiaba algo que hizo a Avery levantarse de golpe de su asiento.
Avery no podía moverse, no podía hablar. Todo su cuerpo quedó paralizado en la silla junto a la