Capítulo 51. La delgada línea entre la vida y la muerte
—No sueltes mi mano, Avery. Si lo haces, ya no tendré ninguna razón para seguir viviendo.
Esa voz seguía resonando en la cabeza de Avery. Ya no era el susurro arrogante de un Don que solía dominar la sala de reuniones o su habitación. Ahora no era más que un murmullo ronco, ahogado por el tubo del ventilador. Difuso. Entrecortado. Como la voz de alguien que ya ha recorrido la mitad del camino hacia la puerta de la muerte.
Avery permanecía de pie detrás del cristal de la UCI, ambas palmas apoyad