Apreté con fuerza los puños cuando vi los ojos verdes furiosos de Alexander en la entrada de mi casa.
Miré en todas las direcciones para ver si encontraba a su prometida, pero al parecer estaba solo.
—Esto se va a poner feo —le dije a Raúl—. Déjame aquí y regresa inmediatamente a la naviera.
Lo último que quería era meterlo en problemas con Alexander.
Me apreté el vientre despacio.
Ni siquiera había terminado de asimilar que había perdido a un bebé, que uno de mis hijos había muerto.
Estaba