El auto arrancó a toda velocidad mientras yo me apretaba con fuerza el vientre.
Cada pequeño movimiento producía un dolor que se enterraba en mi estómago como mil agujas.
Cuando pasamos por la calle frente a la tienda, pude observar a través de la ventana cómo Gabriela se probaba otro vestido. Alexander estaba sentado en el mueble, con los brazos cruzados, mirando al frente con gesto serio.
Quise agacharme para que no me vieran cruzar, pero ¿qué les importaba una asistente como yo??
—¿Estás