87| Alex.
Ana Laura tenía razón. Era increíble ver cómo dos niños concebidos el mismo día, nacidos al mismo tiempo, de la misma madre y el mismo padre, podían ser tan diferentes.
Azucena era todo un rayo de luz, brillaba; era hermosa, inteligente, resaltaba con sus grandes cualidades como una pequeña y brillante actriz.
Sonreía con ternura y siempre que podía me miraba a los ojos. Nunca desperdició ninguna oportunidad para decirme que eran muy lindos, y yo, para decirle que ella los había heredado de mí.