Con las fotografías en las manos, entré a la estación de policía. Sentía una extraña sensación de pérdida, como si la muerte de mi hermana hubiese sucedido hacía muy poco tiempo.
Era como si aquella herida ya abierta en el corazón se reabriera de golpe. Pero no era solo eso. Rememorar su muerte, la terrible escena que encontré al llegar a casa, y ahora descubrir que Alexander tenía que ver en eso, hacía que el dolor volviera con fuerza.
Con las manos temblorosas y el corazón latiendo confuso,