Esa mañana me desperté un poco melancólica.
Había soñado nuevamente con uno de los momentos más tristes y oscuros de mi vida.
Últimamente, había soñado mucho con aquel día, el día que estuve perdida y sin rumbo sobre el camión de mudanzas, con toda mi vida puesta ahí y sin un futuro.
El sueño se repetía constantemente, el miedo que sentí y luego la confusión cuando llegué a Transportes Imperio.
Su explicación fue confusa y poco creíble: yo era la hija bastarda de uno de los socios mayoritario