Cuando Yeison despertó, tenía un profundo dolor de cabeza. Su propio tronte le había dado un puño en la cara que lo había noqueado al instante cuando intentó bajarse del auto y salir corriendo.
Estaba atado en una silla, en una brillante habitación. Imaginó que era dentro de la casa de Carlota; se veía lujosa, antigua.
Trató de moverse, pero tenía las manos fuertemente atadas a la espalda. Tenía la boca seca, con sabor a sangre, y el corazón le latía con fuerza, como cuando despertaba de alguna