– ¿Donde estamos?¬ preguntó recelosa… como si hubiera despertado de un sueño, de la pesadilla donde yo la metí.
– Estamos en casa, con tus hermanos… mira – me señaló con un gesto y Yanis volteo solo para mirarme un segundo, al parecer aun no entendía en qué tiempo estaba, clavándome una puñalada de culpabilidad. Él le ofreció su mano donde se hizo la herida cuando Yanis fijo su vista de nuevo en mí – ¡Tu! – me gruño como un animal salvaje que se siente amenazado y se agazapo dispuesta a saltar