Se había tomado un momento para acurrucarse con Martha, el gato. Nadine le había puesto ese nombre cuando solo tenía diez años. Ella había sido un regalo de Navidad, esta simpática gata naranja a rayas con la que Nadine solo había pasado tiempo en las raras ocasiones en que había estado en casa.
Abrir la caja y ver ese pequeño bulto de piel y esos ojos color miel mirándola fijamente, maullando por ser liberados y sostenidos, fue un momento que nunca olvidaría.
Aunque Nadine tenía que dejar atr