No dejé de reírme, mientras él se mantuvo serio. ¿No le dio pena bajarse del carro con ese casco?
—Se dice, hola.
Continué riéndome. Mis abuelos también lo hicieron, él ingresó y los saludó muy amable.
—Hola, Iskander.
Le dio la mano al abuelo mirándolo a los ojos. Vestía de jean negro y camiseta gris, el casco era negro. Su hermanita tenía un vestido azul cielo, se veía preciosa.
—Lo siento, pero no confió en que no salga herido. Hasta que no me sienta tranquilo protegeré mi cabeza. —Nos expli