La señora García se alegró mucho al ver mi logro, su hija se había dignado a salir. Nos despedimos al subir por a mi carro un joven con casco subía a una moto a dos casas. Una vez adentro solo fue acelerar para que la copiloto no se arrepintiera. Nos dirigimos al centro comercial más cercano al barrio. Sonó mi celular.
—Contéstale, ese debe ser mi hermano, es un intenso.
—¿Emilio? Estoy bien… —Lo puso en altavoz.
—Hija. Emilio, me dijo que saliste.
—Si papá, voy con Amelia al centro comercial.